A Resignificar la Huelga Política en Chile

El caso del 04 de noviembre de 2016 NO+AFP

Frente de Trabajadoras y Trabajadores por el Socialismo

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Introducción

En el siguiente documento, se busca recabar antecedentes históricos en torno a la expresión de la huelga política en Chile y la influencia de estas en las políticas públicas a nivel nacional, y en consecuencia el cómo los principios del Derecho Colectivo del Trabajo al entrar en práctica influencian enormemente el Derecho Positivo o la normativa

legal, y el como el Derecho Laboral demuestra que el Derecho como tal es mucho más que simples formalismos encerrados en leyes y códigos.

En relación a lo anterior, se buscará hacer un breve análisis del Movimiento No + AFP, actualmente instalado en la coyuntura política a nivel nacional, y concretamente la expresión de huelga política más grande que ha habido desde el término de la dictadura cívico militar del 04 de noviembre del 2017, día que puede considerarse histórico, como consecuencia de la influencia política que este podría llegar a tener siempre y cuando el movimiento continúe su accionar en consecuencia con los trazos que se ha propuesto, derribar uno de los pilares del modelo capitalista, y en consecuencia, de la mano y con la fuerza de los y las trabajadores derribar el modelo económico, político, social y cultural instalado en nuestra país en los años más oscuros de su historia.

 

Las Huelga y el Movimiento Obrero

Hacia fines del Siglo XIX obreros salitreros, portuarios y de las grandes ciudades dieron origen a las primeras huelgas, paros y motines en nuestro país, en reclamo por los salarios y las paupérrimas condiciones de trabajo. Ejemplo de las condiciones en las cuales sobrevivían los trabajadores de la época, se puede leer en las palabras Gonzalo Vial, “Las habitaciones que dan a sus operarios son grandes barracas de fierro, galvanizado, dividido en piezas pequeñas… estas barracas que constituyen lo que se llaman campamentos, son las habitaciones más terribles que se pueden imaginar: En el día el fierro se caldeo con el sol que cae a plomo y refleja sus rayos en aquellas arenas abrasadas y los cuartos se convierten en hornos; en las noches las temperaturas, aunque en verano, baja mucho, y la habitación del obrero pasa de calor insufrible a un frío que muchas veces no le permite conciliar el sueño; diferencias de 30 grados entre el día y la noche son corrientes”.[1]

 A diferencia de la labor que cumplían las mutuales, de carácter más bien societarias, estos trabajadores se inclinaron por organizaciones mucho más frontales, como las sociedades de resistencia y mancomunales. Las sociedades de resistencia fueron las primeras organizaciones obreras en plantearse en términos de lucha y confrontación ante los respectivos empleadores, creían en la llamada acción directa, es decir, el boicot, el sabotaje y la huelga, dado que en gran medida renegaban de toda forma de acción política dada la influencia anarquista en la época. Se inclinaban por tanto la lucha frontal con el mundo empresarial de la época y prescindiendo del apoyo estatal. [2]

Se expandieron con fuerza entre los trabajadores del norte del salitre, los portuarios, los zapateros, los trabajadores de ferrocarriles y del carbón, tipógrafos, panaderos, mueblistas, entre otros, participando en la mayoría de las huelgas de la época. Por otro lado, los trabajadores del norte salitrero y del golfo de Arauco adhirieron a las mancomunales, organizaciones de trabajadores típicamente chilenas, que combinaban el socorro mutuo con la acción directa. Si bien la mayoría de ellos actuaron dentro del marco institucional vigente, también recurrieron a las huelgas para enfrentarse al poder de sus empleadores y postularon la posibilidad de participar en la política nacional, con el fin de transformar las relaciones productivas.

Con el fortalecimiento del movimiento obrero, la cuestión social fue adquiriendo un tono cada vez más político, dando origen a una serie de huelgas y movimientos populares, que puso en cuestionamiento el absoluto control de la burguesía y la oligarquía en el territorio nacional.

Dado lo anterior, los gobiernos comenzaron a hacerse conscientes de que las manifestaciones obreras contenían un potencial crecientemente amenazador para el sistema, dado por su poder de convocatoria y la afectación que esta producía en la producción del capital dada la paralización de sectores estratégicos de la economía nacional. Además, el grado de radicalidad y el ánimo de confrontación en el discurso de algunos sectores obreros, encendió la alarma en los sectores acomodados.

Como es sabido, la respuesta más común por parte del estado a este levantamiento de los sectores obreros, desde el despido de los activistas de sus puestos de trabajos, hasta las matanzas indiscriminadas de población. A pesar de lo anterior, desde que se publicó la encíclica Rerum Novarum[3], gran parte de los sectores conservadores adhirieron a la línea  social cristiana impulsada por la iglesia, que responsabilizó a los ricos del cuidado y bienestar tanto material como espiritual de la clase trabajadora. Por otro lado, en algunas esferas de la elite política, tuvo fuerza la idea de combatir la cuestión social con obras y leyes de protección social, tales como la ley de descanso dominical, la de habitaciones obreras y Ley de Accidentes del Trabajo. promulgadas durante la primera década del siglo XX, asimismo el desarrollo de la cuestión social obligo por la fuerza a reformular las relaciones entre el grupo dirigente y los sectores populares, sobre todo porque estos comenzaban de la mano del movimiento obrero a formar su propio proyecto político, ejemplo de ello es la conformación del Partido Democrático, posterior Partido Obrero Socialista y la experiencia de diversos centros anarquistas, mostraban la maduración política y del mundo popular.

 

La Huelga para el Derecho

“el plan laboral partió de premisas muy distintas a las de la antigua legislación al momento de diseñar el proceso de negociación colectiva. La idea básica fue sacar a este proceso de la arena de conflicto y confrontación social en que había sido situado históricamente –con gran satisfacción de los partidarios de la lucha de clases- y devolverlo a su función natural, que es mantener la más estrecha correspondencia posible entre las remuneraciones de los trabajadores y la productividad del trabajo”.[4]

En la actualidad en nuestro país, el concepto legal de huelga que se tiene es completamente restrictivo, donde José Piñera cumplió de buena manera su objetivo, subsumiendo la huelga a una mera acción reivindicatoria por parte de los trabajadores para obtener mejoras salariales o el tan deseado bono llamado como termino de conflicto dentro de un proceso de negociación colectiva también completamente sobre regulada, un ejemplo de ello que raya en lo absurdo, son la movilizaciones de los trabajadores de la minas en el norte de Chile, las cuales culminan con bonos términos de conflicto de millones de pesos mientras que en paralelo las grandes tiendas del retail cierran sus puertas y las dejan a disposición exclusiva de los trabajadores que vienen saliendo de la huelga, en consecuencia, se le ha extraído el contenido de clase, el objetivo ideológico que contenía el proceso de la huelga, ya no es parte de un proceso en el que se busca construir un contrapoder que pueda hacer frente al poder de la empresa, contrapoder que evite la ejecución del ejercicio arbitrario del poder por parte del empleador.

Muy por el contrario, a las intenciones de José Piñera, y más bien, inclinándonos por lo que plantea la doctrina laboral más avanzada, la huelga la concebiremos de la siguiente manera:

Primero debemos tener en claro que la huelga es una afectación a la producción por la parte asalariada. Esta es consecuencia de un conflicto, el conflicto debe entenderse desde una visión fisiológica -no patológica de la sociedad- es decir, es parte del normal funcionamiento de la sociedad, las relaciones humanas generan conflictos y estos no deben ser reprimidos, sino que deben ser asumidos por la sociedad.

Dicho la anterior, podemos concluir a ciencia cierta que la huelga no solo está al servicio de la negociación colectiva si no que debe estar al servicio de cualquier problema de carácter laboral que se presente.

En el presente informe entendemos la huelga desde la concepción de un modelo polivalente de huelga, es decir, aquel que entiende que su finalidad puede ser cualquiera que sus titulares definan, esto dado que el conflicto es una expresión de la democracia, de la disidencia, por lo que la huelga sería algo positivo, sería una expresión democrática de un colectivo de trabajadores. En ellas se pueden contemplar las huelgas políticas puras, gremiales o las huelgas subversivas, solo esta última prohibida en los países con un Derecho Laboral más avanzado, pero en Chile, todas las anteriores están prohibidas.

Es importante también señalar que la huelga es un derecho al daño o presión, si bien la huelga hace lícito el daño, este no es el fin en sí mismo, sino que es una herramienta para ejercer presión, lo cual es la finalidad mediata que es lo que realmente se protege en el sistema judicial.

Otro punto es que la huelga es un derecho colectivo, esto ha generado un intenso debate a nivel del Derecho Comparado, en relación a quien es el titular del derecho a la huelga, no como en Chile que se discute si el titular es el Sindicato o el trabajador, sino que más bien, si el titular es el Sindicato o un grupo espontaneo de trabajadores.

En consecuencia, la huelga es un derecho sindical, son derechos sociales aquellos en que el estado otorga algún tipo de prestación comunitaria hacia el titular, esto bajo la mirada de la doctrina dominante, si se mirara así, no sería un derecho social, dado que no cumple con el carácter prestacional de los derechos sociales. Por lo que habría que buscar otros rasgos. Primero, es un derecho colectivo, segundo, tiene un sentido distributivo y cumple con los preceptos de la constitución en relación a la búsqueda de la igualdad. Es un derecho Sui Generis -de su propio género o especie-, es autónomo, no necesita del Estado.

Finalmente, y lo más importante es establecer que La huelga es un Derecho Fundamental, en casi la totalidad de los sistemas jurídicos, la huelga ha tenido un potente ascenso social, llegando incluso a un rango constitucional.

En Chile la huelga tiene rango Constitucional, de manera tácita, por un fallo de la Corte Suprema.[5]

La importancia de que sea un derecho fundamental es que opera como límite al legislador Art. 19 N° 26 de la Constitución y a la expansión del contenido protegido, dice relación tanto con su concepto, antecedentes de la norma, como de sus consecuencias jurídicas.

La huelga en Chile

Es fácil darse cuenta que la legislación en Chile esté lejos de responder a un modelo polivalente de huelga, si no que más bien responde un modelo netamente contractualista, es decir, completamente restrictivo, que delimita cuales pueden ser los objetivos de la huelga, la cual se debe subsumir como parte del proceso de negociación colectiva o de renegociación del contrato colectivo, toda huelga que se genere por fuera en este plano se considera como ilegal.

En relación a lo anterior, es posible plantear categóricamente que la actual legislación Chilena se contrapone claramente a las estipulaciones del Derecho Internacional en términos laborales, y por sobre todo a lo planteado por la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el cual por lo mismo ha realizado una serie de recomendaciones al estado Chileno.

Algunas consideraciones de la OIT dictan lo siguiente, “La declaración de ilegalidad de una huelga nacional en protesta por las consecuencias sociales y laborales de la política económica del gobierno y su prohibición constituyen una grave violación de la libertad sindical (OIT 1996, párrafo 493).

“Los trabajadores deberían poder realizar huelgas de solidaridad cuando la huelga inicial con la que solidarizan sea, en si misma, legal (OIT 1983b, párrafo 217);

“la prohibición general de huelgas de solidaridad podría ser abusiva” (párrafo 168, OIT 1994a).

“Los trabajadores y sus organizaciones deben poder manifestar en un ámbito más amplio, en caso necesario, su posible descontento sobre cuestiones económicas y sociales que guarden relación con los intereses de sus miembros” (párrafo 484, OIT 1996).

“La prohibición de toda huelga no vinculada a un conflicto colectivo en el que sean parte los trabajadores o el sindicato, está en contradicción con los principios de libertad sindical” (párrafo 489, OIT 1996).

Por último, es sabido también que esta connotada organización internacional ha hecho importantes observaciones a la legislación chilena, ante lo cual el Estado Chileno y los diversos gobiernos han hecho en la práctica oídos sordos. “Los trabajadores y sus organizaciones deben poder manifestar en un ámbito mas amplio, en caso necesario, su posible descontento sobre cuestiones económicas y sociales que guarden relación con los intereses de sus miembros” (párrafo 484, OIT 1996). Además culmina diciendo que “la prohibición de toda huelga no vinculada a un conflicto colectivo en el que sean parte los trabajadores o el sindicato, está en contradicción con los principios de libertad sindical” (párrafo 489, OIT 1996).

Ahora bien, en este informe analizaremos dos importantes momentos de la lucha sindical del movimiento obrero en la historia política, social, cultural y jurídica en Chile, dados estos movimientos como expresiones por fuera de la institucionalidad y siendo netamente expresiones de huelga política, con ello se dará paso a un tercer momento histórico en Chile que sería lo sucedido en torno al movimiento “No + AFP” y la gran expresión de Huelga Política del pasado 04 de noviembre.

 

Expresiones de Huelga Política en Chile

 

Cuestión social:

La primera etapa en el desarrollo del movimiento obrero chileno que se pueda considerar  como una expresión de huelga política en Chile, es lo que ya mencionamos en un comienzo en relación a la llamada cuestión social de finales del siglo XIX y principios del siglo XX.

Sumado a las paupérrimas condiciones de trabajado y de vida a la cual se veían sometidos los trabajadores de la época, es fundamental para entender el desarrollo o la conformación del movimiento obrero del periodo el hecho que no existía una ley laboral que regularizara las condiciones mínima de la relación laboral, por el contrario, esta relación de carácter jurídica se enmarcaba en base a las lógica del Derecho Civil, con principios como la igualdad entre las partes y de la autonomía contractual, lo cual como es de suponer no responden a los principios que hoy rigen al Derecho del Trabajo. A consecuencia de que no existía en Chile una legislación que amparara a los trabajadores estos quedaban expuestos a los múltiples vejámenes que los empleadores propinaban a sus trabajadores, tales como sufrir extensas y abusivas jornadas laborales, pago de salarios en fichas, despidos sin aviso, no respeto de día de descanso y la explotación de mujeres en condición de embarazo y de niños.  Muestra de lo anterior los “contratos” de trabajado que se utilizaban en la época, “el contrato por el cual un hombre debe ceder el patrón o enajenar su poder de del trabajo es allí un contrato especialísimo, un contrato sui generis, que se rige exclusivamente por los usos y costumbres, los cuales se resuelven a su vez en que la única ley de los contratos es la voluntad del patrón…”[6]

Es importante destacar en esta época la conformación en 1918 de la Asamblea Obrera por la Alimentación Nacional, que fue un frente común que unía a alas federaciones obreras más importantes, Congreso social obrero, Federación de Sociedades Católicas y Federación obrera de Chile, unión generada por las influencias marxistas a nivel mundial tras el triunfo de la revolución rusa en 1917, influencia que el movimiento obrero chileno no estuvo ajeno. De esta asamblea podemos encontrar discursos como “Para defender la integridad de la nación y la soberanía del pueblo, atacada por los agiotistas, se reúnen los obreros todos, a deliberar que medios deben emplearse para que los que viven de un trabajo, de un sueldo, no se mueran de hambre con familia e hijos”.[7] Es en esta época donde se registra una proliferación de huelgas y de movilizaciones masivas además donde se convoca tanto en Santiago como en Regiones cientos de miles de personas, trabajadores junto a sus familias y estudiantes.

En plena época parlamentaria, período funesto para la historia de Chile, gracias a la aparición de los movimientos sociales, los parlamentarios y los gobiernos de turno comenzaron a cambiar su visión respecto al problema obrero. Por un lado, el gobierno y por otro los senadores y diputados, asumieron la existencia de la llamada cuestión social, y cada cual de distintas formas trataron de darle una salida. Una de las primeras medidas tomadas fue la conformación y fortalecimiento de la Oficina del Trabajo, organismo el cual fue fundamental en el periodo para dar a conocer tanto al resto de los organismos nacionales como a la opinión internacional las condiciones laborales y habitacionales en las que se encontraban los trabajadores en Chile a comienzos del siglo XX.

Dado la incipiente industrialización nacional y el aumento de sectores mineros y/o del salitre, se generó un rápido crecimiento de la población obrera, en iguales o cada vez peores condiciones, lo que llevaba a tener una masa mayor de población en posición de lucha contra el estado y la oligarquía nacional. Esto llevo a que la oficina del trabajo se incorporara como un órgano dependiente de Ministerio de industrias y obras públicas, en este plano, las funciones de la oficina del trabajo es investigar, obtener datos y realizar estadísticas en torno a número de industrias y obreros, salarios y duración de la jornada de trabajo, trabajo de menores en las industrias, accidentes de trabajo, precios de las habitaciones obreras, costo de la vida y precios de los artículos de primera necesidad. Además de una serie de otras funciones.[8]

Las huelgas obreras, de carácter políticas, acompañadas todas de grandes expresiones de protesta, no pudieron ser vistas con indiferencia por pare de diputados y senadores comenzaron a tener repercusiones en el congreso. Así entonces surgen voces, que motivados por el evidente clamor y presión de los sectores populares de trabajadores, se dispusieron a legislar en sobre trabajo, salud, educación, vivienda, etc. Lo cual como es obvio fue resistido fuertemente por miembros de los partidos políticos tradicionales. Desde otro punto de vista, también se puede decir que los motivos para legislar en pro de los trabajadores pueden ser variados, tales como, fines electorales, seguridad pública, principios morales, dogmáticos, religiosos, lo cual no es importante para este informe, pero si lo es entender que los cambios que mencionaremos más adelante se gestaron principalmente o casi únicamente gracias a la fuerza de los trabajadores, a su capacidad para presionar, de ponerse por sobre la institucionalidad vigente, por doblegar al derecho y hacer que este cambiará en favor de sus demandas. En todo lo anterior, las expresiones de huelga política y de protesta popular jugaron un rol clave.

Finalmente, en este punto, es importante mencionar que si bien fueron muchos los proyectos de ley relacionados a temas laborales presentados, las que se lograron aprobar fueron las siguientes: De viviendas obreras en 1906, descanso dominical en 1907, de la silla 1915, de accidentes de trabajo en 1916 y de salas cunas en 1917. Al analizar las fechas, se ve un vacío entre 1907 y 1915, el cual pudo deberse a la baja temporal del movimiento obrero tras la matanza de Santa María de Iquique en 1907, lo cual refuerza nuestra tesis de que cada cambio que ha significado un avance para los trabajadores ha sido consecuencia de la presión activa de los mismos, sin obviar que esto ha estado marcado y machado por la intensa represión del estado burgués de la mano de la clase dominante. Por último, uno de los mayores avances de la época fue la aprobación en 1924 bajo el gobierno de Arturo Alessandri Palma de la primera legislación laboral o Código del Trabajo, lo cual no estuvo exento de controversias, donde incluso tuvieron que intervenir los militares para presionar por su aprobación, legislación la cual recién entro en vigencia en 1931 bajo el poder de Carlos Ibáñez del Campo.[9] Las leyes aprobadas en este contexto fueron las siguientes, Ley 4.053 a la ley 4.059. 1) Contrato de trabajo que limita la jornada a 8 horas, limita y protege el trabajo de mujeres y niños, crea la inspección del trabajo y reglamenta los contratos colectivos. 2) Seguro obrero, el cual admite el principio más avanzado de la intervención del Estado, un seguro obligatorio de todo obrero contra enfermedades, accidentes e invalides, ayudando a la conformación de la caja de seguros, con aportes del obrero, empleador y el Estado. 3) Accidentes de trabajo. 4) Tribunales de conciliación y arbitraje. 5) Organización Sindical, se establecen los sindicatos profesionales e industriales. 6) Sociedades cooperativas y 7) Caja de empleados particulares, el cual reconoce el derecho a la libre asociación, la obligación del empleador a formar un fondo de previsión y ahorro para cada trabajador, además de la gratificación y feriado anual.

Confrontación de la clase trabajadora contra la dictadura, Los 80’:

Sin querer ahondar en detalles históricos, como es sabido, entre 1973 hasta finales de la década de los 80’, vivió Chile una de las etapas más oscuras de su historia, esto, tras el brutal Golpe de Estado Cívico-Militar liderado por el comándate en jefe del ejército Augusto Pinochet contra el gobierno de la Unidad Popular representado por el Presidente Salvador Allende, quien cargaba sobre sus hombros el peso de ser el primer presidente socialista electo democráticamente en el mundo y haber representado de manera consecuente los intereses de quienes el representaba, la clase trabajadora.

Tras el golpe de Estado se disolvió el parlamento, los partidos políticos, organizaciones sociales, populares y por supuesto las organizaciones sindicales, siendo los dirigentes de todas las anteriores, sobre todo aquellos cercanos al gobierno de la Unidad Popular perseguidos, encarcelados, exiliados, torturados, asesinados y desaparecidos.

Como consecuencia de lo anterior, las luchas sociales, populares y sindicales de la época se centraron en enfrentar con el ánimo de terminar con la Dictadura, y paro ello, el pueblo de Chile opto por utilizar todas las formas de lucha.

Para efectos de este informe, no nos centraremos en la lucha armada liderada por el Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR) contra la dictadura o en la influencia y participación en el mismo proceso del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) y otros, aunque tampoco negaremos o dejaremos de mencionar la influencia concreta, objetiva que tuvo esta forma de lucha para poner fin a la dictadura y para levantar los ánimos del pueblo alzándolo a la lucha popular.

Si mencionaremos la labor que en términos más amplios tuvo la Asamblea de la Civilidad, esta abordó el periodo entre 1983 a 1986, en que se produjeron las más grandes jornadas nacionales de protesta y al mismo tiempo, la desarticulación del amplio movimiento social que las promovió y que se planteaba, no sólo terminar con la dictadura, sino también con el modelo neoliberal, tal como la Demanda de Chile lo manifestaba claramente.[10] Revisar cómo operó dicha desmovilización y cuáles fueron las fuerzas protagonistas nos permite, no sólo comprender cómo y cuándo se dibujó la transición pactada, sino también el rol que pueden jugar los movimientos sociales de la mano de la fuerza de los trabajadores cuando se imaginan nuevos horizontes posibles.

La convergencia social iniciada en 1985 tuvo como uno de sus articuladores centrales a uno de los gremios profesionales más grande de Chile, el Colegio Médico, esto dado a que los médicos tenían claro las consecuencias que la nueva Ley de Salud tendría en su área, además de que históricamente habían jugado un rol en la sociedad, además de esto, por la desvinculación por razones políticas estaban sufriendo algunos médicos de sus cargos directivos en los hospitales, imponiendo cuestiones políticas por sobre razones técnicas al manejo de la salud. Es así como en Enero de 1986, el doctor Francisco Rivas pronunció un emocionante discurso dentro de una asamblea gremial, el cual fue el llamado a iniciar con la Asamblea de la Civilidad, el discurso decía. “Yo quiero proponer a la asamblea que, junto a otras movilizaciones, redacte un protocolo a la nación… Que revele en dos páginas, el desarticulamiento de nuestras estructuras ciudadanas y que proponga a otras organizaciones sociales el encuentro definitivo en la movilización social e indocilidad ciudadana. Decidámonos, a través de este documento, a hibernar a nuestro país, a detener su ciclo vital, hasta que podamos expulsar de sus entrañas al verdadero responsable de su desorden orgánico.”[11] Como podemos interpretar de sus palabras, acá hay un explícito llamado a la paralización de los trabajadores, a la huelga general, pero a la huelga con un fin claro, sacar por la fuerza a Augusto Pinochet del poder, es decir, una huelga política para terminar con la dictadura militar.

Es así, como se da inicio al llamado año crucial de lucha contra la dictadura, dando los médicos inicio a las primeras paralizaciones o huelgas de la época con adhesión de entre el 80% y el 100% de sus convocados. Posterior a ello, las mujeres se pusieron a la cabeza de la lucha popular, convocando a diversas movilizaciones duramente reprimidas por el régimen. En este contexto, es que desde la incipiente Asamblea de la Civilidad se comienza atisbar la idea de una paralización general, posibilidad la cual distintas organizaciones sociales y partidos políticos ya venían pensando hace tiempo. A esta posibilidad de paro general se sumaron –con controversia- los 2 gremios más grandes que habían jugado un rol clave en desestabilizar el gobierno de la Unidad Popular, el de los camioneros y el de los comerciantes detallistas. Además, se comenzó a tener conversaciones con distintos sectores del mundo social, organizaciones de pobladores, gremiales, sindicales, estudiantiles, entre otros. En abril de 1986 se realizó la primera reunión, la que se llevó a cabo con la participación de 600 delegados, representantes de 230 organizaciones, las que, en total, agrupaban a un número aproximado de tres millones de afiliados. En esta instancia es cuando se aprueba la llamada Demanda de Chile, la que se se organizó en siete apartados, cada uno de los cuales profundizaba en los principales problemas que aquejaban al país. Los títulos de cada apartado son los siguientes: 1) Democracia para garantizar una vida digna a todos los chilenos: Establecimiento de una economía que acabara con la pobreza y una legislación que se hiciera cargo de los problemas laborales de los trabajadores. 2) Democracia para poner fin a las exclusiones: Reconocimiento de todas las organizaciones sociales y de economía popular e igualdad de trato a las mujeres. 3) Democracia para la educación y cultura pluralista: Educación a cargo del Estado y modificar la situación de los canales de televisión. 4) Democracia para reparar las injusticias más flagrantes: Con respecto a la situación de los exiliados, de los pensionados, y de la juventud que por culpa del sistema había caído en la drogadicción y prostitución. 5) Democracia para el respeto a los Derechos Humanos: Fin a la CNI, renovación del sistema judicial, fin al presidio político, y a toda la represión. 6) Democracia para reestablecer la independencia nacional: Fin a la “Doctrina de seguridad del Estado”, repactación de la deuda externa y concertación con los demás pueblos de Latino América. 7) Democracia para reestablecer el Estado de Derecho: Constitución democrática, elecciones democráticas, y subordinación de las Fuerzas Armadas y de orden a las autoridades elegidas.[12].

Tras esto, se comenzaron los preparativos para el paro nacional del 2 y 3 de julio de 1986, lo cual se preparó con gran antelación con actividades de distinto tenor, desde manifestaciones de parte de algunos gremios o centrales de trabajadores, la incorporación de nuevos grupos a la preparación del paro, actividades en los territorios más golpeados por el régimen, hasta la toma por parte de estudiantes universitarios de la Casa Central de la Universidad de Chile, lo que culminó con un violento desalojo. Además, previó al paro desde la Asamblea de la Civilidad se tomaron otras dos iniciativas a destacar, primero era un llamado al Boicot económico contra los productos que financiaban los medios de comunicación vinculados a la dictadura, y la segunda fue difundir un instructivo nacional para la jornada de huelga y protesta.

El paro nacional de los días 2 y 3 de julio de 1986 marca un hito en la movilización, puesto que posteriormente a este año, las fuerzas opositoras partidarias de la salida de Pinochet antes de 1988 y de la movilización insurreccional pierden vigencia, y se impone la negociación pactada para la transición. Además, este paro nacional es conocido por ser la última manifestación masiva de las jornadas nacionales de protesta y por los altos niveles de represión, la cual alcanzó su más alta expresión en el caso de los dos jóvenes quemados vivos por funcionarios del ejército. Las jornadas de protesta convocadas por la Asamblea de la Civilidad operaron con la misma dinámica que las movilizaciones anteriores, es decir, las primeras horas se caracterizaron por ausentismo laboral y protestas asiladas y las noches por una alta combatividad en las poblaciones. Sin embargo, se encuentra una diferencia en el grado de adhesión a la paralización de actividades laborales. Si bien esta situación estuvo determinada por la alta adhesión que el transporte colectivo tuvo al paro, no debe dejarse de lado el hecho que, a diferencia de los paros anteriores, los del 2 y 3 de julio no fueron convocados por un solo sector de los trabajadores, sino que, por una organización mucho más transversal, en donde su columna vertebral eran trabajadores de distintos gremios y sindicatos. En este sentido, la participación de los trabajadores significó un avance en relación a acciones anteriores, fueron más los que se atrevieron a manifestarse.

Todas estas expresiones fueron fundamentalmente articuladas por las organizaciones de trabajadores, donde por medio de la presión, de contundentes expresiones de huelga política y de protesta social logró derribarse la dictadura militar, logrando finalmente realizar un término pactado del régimen, llamando al conocido plebiscito del “Si o el No”. Lo cual fue visto con ojos de desconfianzas desde sectores de la izquierda chilena, dado que no se tenía –con razón- confianza que el término del régimen militar y el paso pactado a la democracia fuese a dar o a recuperar condiciones de dignidad, justicia e igualad al pueblo de Chile, análisis que evidentemente no estuvo errado.

Aumento de huelgas extra legal en Chile hoy.

Brevemente, en este punto, haremos mención del aumento que se ha constatado en Chile de las Huelgas Extra Legales, nos referimos a aquellas huelgas que son realizadas por fuera del marco de la negociación colectiva reglada, proceso reglamentado en todos los pasos a seguir, como plazos de respuesta, obligatoriedad de negociar por parte del empleador, entre otros. Este tipo de negociación contempla la realización de huelgas en un periodo definido.  Las huelgas extra legales son conocidas también como huelgas ilegales, de hecho o no institucionales.[13]

Del Informe Anual de Huelgas Laborales 2015 emitido por el Observatorio de Huelgas Laborales (OHL) en Junio del presente año, se pueden obtener importantes conclusiones, primero que el registro de huelgas del 2015 y años anteriores muestra que Chile vive actualmente un ciclo de mayor expresión del conflicto laboral a modo de huelga. Este aumento se puede visualizar fundamentalmente por las movilizaciones del sector público y por una mayor participación de trabajadores en huelgas extra legales en el sector privado, que es fundamental para la idea de este trabajo de investigación. Por otro lado, podemos desprender la idea de que, en nuestro país, de manera incipiente, la clase trabajadora ha comenzado a desprenderse de la idiosincrasia formalista o legalista que caracteriza al chileno, y que en el plano laboral o sindical no significa aporte alguno, y más bien hoy los trabajadores organizados están realizando expresiones de fuerza para defender sus intereses colectivos por fuera o por sobre la institucionalidad vigente.

Lo anterior se puede corroborar con los siguientes datos: Del total de huelgas del 2015, 205 fueron extra-legales y 175 legales, considerando que desde el año 2002 que las huelgas extra-legales no superaban a las huelgas legales. El número de trabajadores involucrados en huelgas ha aumentado a partir del 2007. Desde entonces y hasta el 2015, se movilizaron en promedio 1.071.000 trabajadores por año. En el sector privado el 2015, hubo más huelgas legales que extra-legales, en este sector, 175 versus 87 huelgas respectivamente. Esta tendencia es histórica. No obstante, las huelgas extra-legales movilizaron a casi cuatro veces más trabajadores que las huelgas legales, 100.917 trabajadores versus 25.368 respectivamente. El 40% de las huelgas se realizaron en la Región Metropolitana. En esta región, el 90% de las huelgas son legales. La huelga extra-legal es más corriente en el resto de las regiones. En las ramas económicas de agricultura, industria y comercio preponderaron las huelgas legales. En cambio, en las ramas económicas de pesca y minería predominaron las huelgas extra-legales. Las tácticas más recurrentes utilizadas para aumentar las posibilidades de éxito de las huelgas fueron el corte de ruta (24%) y el piquete (19%). En las huelgas de este sector hubo más intervención policial que en las del sector público: se registró presencia policial en el 7,5% de los casos, enfrentamientos en el 5,4%, detenciones en el 5% y heridos en el 2,7%. En el sector público la cantidad de huelgas ha aumentado sostenidamente desde el año 2011. En el 2015, los trabajadores involucrados en huelgas en este sector (1.039.085) representaron el 88,2% del total de trabajadores movilizados. El 37,7% de las huelgas en este sector fueron multiregionales y nacionales. En otras palabras, las huelgas en este sector fueron más extensas territorialmente que las del sector privado.[14]

Huelga y Protesta Coordinadora No más AFP.

Coordinadora Nacional de Trabajadores y Trabajadoras No más AFP.

“La gente respondió multitudinariamente como lo viene haciendo durante las últimas tres movilizaciones. La expresión de paralización que hubo en sectores importantes de la economía, prácticamente todo el sector portuario, todo el sector público, la minería, prácticamente Calama completo paralizó, es prueba evidente y manifiesta que este movimiento cuenta con legitimidad y credibilidad”, recalcó Luis Mesina, Vocero del movimiento. [15]

El movimiento No más AFP cobra el año 2016 un carácter de lucha nacional. Convocó a una primera marcha el 24 de julio que reunió a más de un millón de personas en las calles en ciudades de todo el territorio nacional, más de 50 ciudades con movilizaciones. El 21 de agosto convoca a una segunda marcha que es también masiva, reuniendo a más 1.500.000 de personas, siendo una de las mayores convocatorias desde la vuelta a la democracia. El 16 de octubre convoca a una tercera marcha que, pese a la adversidad del clima, logra una convocatoria similar a la anterior rompiendo con las expectativas de lo que se pensaba en torno a ese día.

La Coordinadora Nacional No más AFP incorporó además otras acciones de lucha además de las marchas, tales como, hacer un llamado a traspasarse al fondo E, y después a abandonar las AFP Provida y Cuprum, esto dado que estas dos administradoras estafaron al fisco y a los trabajadores con más de US $420.000.000 de dólares, en donde el grupo Penta vendió a Cuprum al grupo americano Principal, con la complicidad de la Superintendenta de Pensiones de ese entonces, Tamara Agnic. Este llamado es hacer un boicot a las dos administradoras más caras del sistema y también a ejercer presión concreta a las autoridades para que tomen carta en el asunte y escuchen el clamor de la ciudadanía que es colocar fin a las AFP. En esa misma línea, en la última marcha anuncia y convoca a la jornada de paro nacional para el 04 de noviembre.

Para esta jornada de huelga y protesta hubo importantes acciones previas, reuniones de preparación de la jornada del coordinador nacional con más de 200 dirigentes de todo el país, la toma de la Asociación Gremial de AFP[16] y el corte de rutas de acceso a la minas en el norte de país por más de 7 horas como actividades previas a la jornada.[17]

El 04 de noviembre del 2016 se puede considerar un día histórico para la lucha del movimiento obrero, este es el día en el que la Coordinadora Nacional de Trabajadores y Trabajadora No más AFP convoca a una jornada de huelga y de protesta a nivel nacional, la cual comenzó a las 06:00 horas con actos de protesta y cortes de ruta en todo el país, para luego reunirse en las Plazas de Armas de las comunas y capitales regionales a las 12:00 horas, y terminar con cacerolazos en todo el país a las 20:30 horas.

Entre las organizaciones que adhirieron, llamaron a paralizar o convocaron, encontramos; Sindicales: Unión Portuaria de Chile, Federación Nacional de Subcontratados del Retail, ANEF, Frente de Trabajadores Mineros, JUNJI, CONFUSAM, Unión Sindicatos Mineros Estatales y Privados de Chile, Asociación de Trabajadores de Parlamentarios de Chile, FETRACORTEL, SINACAR, SINTECH, Federación de Sindicatos del Retail (FESIR) de Temuco, AFUTRAPARCH, Trabajadores subcontratistas del cobre, Frente de Trabajadores de Osorno, Colegio de Profesores, Sindicato Sewell y Minas, Siteco, Fenpruss, Profesores indignados de Antofagasta, Frente de Trabajadores Nelson Quichillao, CTU (Comando Trabajadores Unidos, Calama), Federación de Trabajadores Forestales, Coordinadora de Trabajadores del Transantiago, Confederación Bancaria, Federación de Sindicatos Ripley, Cotrasam, Sindicatos Walmart, Federación Intercomunal de Conductores del Transporte Público en la región del Bío Bío, entre otros.

Organizaciones sociales y estudiantiles: Movimiento Chile Mejor sin TPP, Indignados Chile, Coordinadora Ni una menos, Movimiento Defensa de los Recursos Naturales y Bienes Públicos, entre muchos otros. CONFECH, CONES, ACES.

La mañana de protesta nacional, en donde el objetivo era irrumpir la normalidad burguesa, contribuir a la paralización de la producción y el trabajo, y poner en el centro las demandas del pueblo trabajador, se cumplió significativamente

Este 04 de noviembre es muestra de una conclusión clara que ha llegado el pueblo de chile, las AFP impuestas en dictadura por los métodos y formas que todos y todas sabemos, y considerando el marco de la composición histórica del bloque en el poder en nuestro país, tremendamente reaccionaria, plenamente servil de la burguesía internacional y profundamente conservadora, da cuenta que, no existe otra alternativa que botar por la fuerza a las AFP.

Finalmente, el avance histórico del 04 de noviembre, es un salto significativo en conciencia para la clase trabajadora, una lección para los próximos escenarios de lucha, en síntesis, significa un salto fundamental en forma y fondo, hacia un avance estratégico para el movimiento obrero, la unión de la clase trabajadora en la lucha sindical concreta, como una expresión clara de huelga política por sobre y superando la institucionalidad vigente.

 

Conclusión.

“… la violencia desempeña en la historia otro papel, un papel revolucionario; de que, según la palabra de Marx, es la comadrona de toda vieja sociedad que anda grávida de otra nueva; de que la violencia es el instrumento con la ayuda del cual el movimiento social se impone y rompe las formas políticas petrificadas y muertas… ”[18]

En este documento se ha buscado relacionar distintos hechos históricos del movimiento obrero en Chile, y como su mayor expresión de presión y fuerza, la huelga, al levantarse con un contenido político claro y superar los límites de la institucionalidad ha sido capaz de generar importantes transformaciones al derecho mismo.

“Una organización sindical que persigue intereses que pueden superar el marco de lo particular y orientarse hacia los intereses generales de la comunidad o de la clase de los asalariados, y que en esa pretensión puede echar mano a la acción colectiva por definición para que los puntos de vista de los que están en condiciones de debilidad sean tomados en cuenta: La huelga”.[19]

Cada avance en el plano del Derecho Laboral, desde la aprobación hasta la entrada en vigencia del primero Código del Trabajo y cada ley que haya significado un avance para los trabajadores y la organización sindical, ha sido consecuencia de los saltos en niveles de conciencia y organización del movimiento obrero, así fue a principios del siglo XX con la Asamblea Obrera de la Alimentación Nacional o en los llamados años 80’ con la Asamblea de la Civilidad y puede llegar a serlo con la Coordinadora Nacional de Trabajadores y Trabajadoras No más AFP. Todas estas organizaciones fueron conformadas con ciertos fines específicos, se caracterizan por ser heterogéneas, teniendo en su columna vertebral a diversas organizaciones de trabajadores y trabajadoras, tanto del mundo sindical, gremial, como de los espacios territoriales siendo estos últimos donde confluyen gran parte del pueblo organizado.

Todas fueron capaces de convocar a jornadas de huelga política con importantes consecuencias en la vida pública y cambios sindicales en el mundo jurídico.

El que este movimiento –No más AFP- cumpla su objetivo depende únicamente de los trabajadores y las trabajadoras, no hay ley ni poder alguno que pueda detener su fuerza si estos actúan en unidad y con rebeldía, y desde un punto de vista jurídico, para alcanzar un modelo polivalente de huelga, para que en Chile se reconozca la huelga política como una expresión democrática y no como una accionar ilegal de un grupo de trabajadores, depende de cuánto en la práctica seamos capaces de alzarla, de atrevernos a superar los estrechos límites de la institucionalidad, para que finalmente mañana, termine siendo esta la que deba acomodarse al accionar de las luchas y no al revés.  Debemos, por lo tanto, atravernos a comenzar a utilizar el concepto de huelga en el sentido argumentado más arriba y dejar en el cementerio de las palabras el llamado ‘paro’.

 

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Bibliografía

[1] Gonzalo Vial, Historia de Chile, Editorial Santillana de Pacifico. Santiago, 1982, Tomo II, Página 501.

[2] Estudio del movimiento obrero. Sus Consecuencia politicas y sociales. 1900 -1924. Gabriel Pablo Gallardo Andonie., Página 10.

[3] (León XIII – Pio XI, Las enseñanzas sociales de la iglesia, Rerum Novarum, Quadragesimo Anno, 1891-1931, Santiago, Imprenta Chile Morandé 767-769)

[4] José Piñera, La revolución Laboral en Chile, Planeta, Página 49.

[5] Corte Suprema, 07 de marzo 2016, Rol N° 28.919-201 y fallo Corte Suprema, 04 de diciembre 2014, rol 3514-2014.

[6] Boletín de la oficina del trabajo. N° 13 de 1920. Página 156.

[7] Nicolás Miranda, La Asamblea Obrera de la Alimentación Nacional, Biblioteca de Historia Obrera.

[8] Boletín de la oficina del trabajo. N° 01 de 1910. Página 1,3.

[9] Contenido principal, Memoria Chilena, Biblioteca Nacional Digital, Orígenes de la legislación laboral en Chile (1924-1931).

[10] Asamblea de la Civilidad, Movilización social contra la dictadura en la década de los 80 Santiago de Chile, noviembre de 2014, Cristopher Manzano Londres 38, espacio de memorias

[11] Francisco, R.L. “Discurso Asamblea de Médicos”, Colegio Médico de Chile, Consejo general, Santiago, 8 de enero de 1986.

[12] Asamblea de la Civilidad, “Demanda de Chile”. 1986

[13] UGARTE, J.L. “La huelga como derecho fundamental”, en Informe anual sobre derechos humanos en Chile 2008, Universidad Diego Portales.

[14] Informe Anual de Huelgas Laborales en Chile Año 2015, Observatorio de Huelgas Laborales (OHL), Junio 2016.

[15] Cooperativa.cl, viernes 4 de noviembre de 2016, “La jornada de paro nacional convocada por movimiento No + AFP”

[16] Cooperativa.cl, miércoles 2 de noviembre de 2016, “No + AFP se tomó oficinas de asociación gremial de las administradoras”.

[17] Comandodetrabajadoresunidos.cl, miércoles 2 de noviembre de 2016, Chile: Frente de trabajadores mineros se toma carreteras de accesos a mineras trasnacionales.

[18] Lenin, V.L. “El Estado y la Revolución”, Página 55 y 56. Editorial Longeseller, Buenos Aires, Argentina, 1917.

[19] Ugarte, J.L. “Derecho del Trabajo: Invención Teoría y Crítica”, Legal Publishing, Página 127, Santiago, Chile. 2014.

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